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La censura, la literatura privatizada y el feminismo: Violeta Barrientos a 25 años de "El innombrable cuerpo del deseo"

Publicado: 2017-09-12


La conversación se siente franca y fluye cálida en una mesa del Queirolo del centro de Lima. Violeta Barrientos habla de su poesía, del feminismo, de lo que le gusta y lo que no de los nuevos tiempos. Extraña la bohemia anterior a Fujimori y afina la puntería contra la censura (o miedo) a lo provocador. A lo contestatario. Al arte.

Este año "El innombrable cuerpo del deseo" cumple 25 años de explorar la pulsión erótica y el deseo lesbiano, una afrenta honrosa a los dignos ciudadanos escandalizados que nuestro país aún produce con esmero.

Violeta Barrientos estará mañana en el salón de grados "Antenor Orrego" de la Universidad Nacional Federico Villarreal, donde hablará de este poemario y también presentará "Desde los cerros", nuevo libro de poesía que cuenta con los grabados de Olga Verme-Mignot. La cita es a las 11 a. m.


El innombrable cuerpo del deseo se publica en el 92.
Sí. Fue una edición mía porque yo en esa época estaba en un proyecto editorial. Estaba asociada con Martha Meier y quien entonces era su pareja, Doris Moromisato , y con otra amiga de la Católica para hacer algo sobre poesía, porque en esa época no había demasiado al respecto. Pero después ella (Martha Meier) se metió en lo ecológico, que es más su rollo que la poesía, y quiso que nosotras hiciéramos el desvío de la poesía a lo ecológico… y ese no es mi tema. Yo quería que fuéramos más como un movimiento, una cosa así. Pero la editorial quedó ahí. Doris y ella siguieron sacando plaquetas dedicadas a la tierra durante diez años. Pero yo ese año me fui a Francia.
Luego de la publicación del libro.
Sí. Pero el libro es el segundo que publico, y no salió con la editorial sino como una publicación mía.
Tu segundo poemario.
Sí, y lo escribí de un tirón. Me acuerdo que Eduardo Chirinos dictaba un taller de creación literaria en la Católica y yo me metí. Yo recién empezaba a escribir poesía. Y me fascinó conocer a Pessoa, a Cernuda, a Kavafis. Y de la lectura de Kavafis y Cernuda salió, digamos, toda una poética sobre el deseo.
Que es el eje de todo el libro.
Exacto. El deseo siempre está presente en el libro. Al inicio es un cuerpo solo. Luego le dice adiós a un antiguo amor y da la bienvenida a los nuevos amores. Esas son, un poco, las tres partes del libro.
¿La Violeta Barrientos que escribió el libro en 1992 es la misma que tengo al frente?
Creo que sí. Yo soy la misma persona desde mi edad de piedra, que podrían ser mis veinticuatro o veinticinco años. Y a partir de entonces entré a lo poético y al feminismo. Comencé a hacer mis prácticas legales en Flora Tristán y conocí toda una forma de pensar. Conocí a grupos homosexuales, los frecuenté también, conocí los bares de Lima, etc. Y eso –el feminismo- me abrió las puertas a ese mundo en el que vi a otras personas, tanto hombres como mujeres, entrar por la puerta equivocada. Porque no se entraba con ojos críticos sino como asumiéndose parte de un mundo que era sumamente marginal. Y esto en plena época del auge del sida, fue mortal para muchos. Al mismo tiempo se juntó lo del terrorismo, antes la hambruna con Alan. Tú tenías crisis económica, más violencia política y sida. Entonces ya era quien soy.
La crisis, la marginalidad, la discriminación. ¿El libro nace con algo de eso entre líneas? ¿O fue una creación de tipo arte por el arte?
De alguna manera se ve en el sentido subjetivo, emocional. Porque en el libro traté de captar la cuestión del deseo insatisfecho, que es la frustración, la invisibilidad. Y es por ejemplo la dificultad en encontrar un “amor”. Y también la pasión, que fue sacada un poco tomando como inspiración a César Moro. Entonces salió una edición con la obra completa de Moro que descubrí antes del taller de Eduardo, y al final pues mezclé todo en este libro. Y la verdad, la realidad me tenía saturada, yo quería hacer otra cosa, en el plano surrealista. De las pasiones, del juego interno, del deseo. No retratar la realidad. Además desde la segunda ola feminista desde los años 70, ya teníamos a autoras feministas norteamericanas de una tradición revolucionaria a quién seguir.
¿El cuerpo es una metáfora? ¿De qué?
Sí, del yo.
¿Y es una metáfora diferente si lo escrito aborda la pasión lésbica?
Sí. Creo que es un cuerpo que conoces, y del que estás esperando una relación de igual a igual. Yo huía de relaciones que no fueran así. Recuerdo incluso anécdotas de amigas con las que huíamos de mujeres muy masculinas. Como que no nos cuadraba la mujer que trataba de ser masculina. Porque si el feminismo es anti-patriarcado, entonces cómo la mujer va a tratar de verse como un hombre, ¿no? Claro que es un conflicto que se ha ido resolviendo con el tiempo, porque muchas veces la apariencia “masculina” no es necesariamente de personas patriarcales. Pero en esos tiempos las salidas eran de lo más divertidas. Asistir a los shows de Coco Marusix, etc. El mundo gay es un microuniverso donde todas las clases sociales convergen. Pero también era un mundo demasiado racista, y en especial entre mujeres que buscaban una probable pareja.
Tengo un poema acá, Las imposibles orquídeas. Tienes momentos como “el vientre andrógino creador de bestias”, “dormida en el agobio de esta soledad soñé permanecer en una flor intensa, en la fragancia carnosa de una orquídea enterrada introducirme en pisadas nocturnas sin ser descubierta (…)”. Y hay una sensualidad con sabor a soledad, a nostalgia. No sé si es una lectura con la que estás de acuerdo.
Sí, sí, por su puesto. Es la voz de aquello que se desea, y que deseado a veces desaparece y se va. Eso exacerba más el deseo o placer de aquello que se obtiene de inmediato. Es el gusto, cierto afán de conquista. Eso anima un poco la veta lírica del libro. Porque lo antilírico sería Sade, ¿no? Dale que te dale. Y al final eso te resulta hasta un poco aburrido.
Está el ojo feminista, y surrealista…
Sí. Y es bastante influencia de Moro. Moro recurre a las fuerzas naturales, y yo tengo dos paisajes en mi libro. Uno es el terrenal, las selvas vírgenes, y otro son las aguas. Me muevo entre la tierra y el mar. E igual moro, que trabaja en lo natural, las fantasías acuáticas.
“Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia de diarios de suicidas húmedos los ojos de tu mirada de pie de madrépora…”
Exacto. Y es lo que significa Moro para mí. El mundo de las fuerzas naturales que no están culturizadas, civilizadas, que en una lectura psicoanalítica, por ejemplo, te remite a lo pasional. Es un poco salir de la sociedad y recuperar las fuerzas que están en la psiquis. Y especialmente lo sexual. El cuerpo es vilipendiado y rebajado cuando se convierte solamente en fuerza laboral, ¿no? Y su verdadero potencial está en la sexualidad como una fuerza revolucionaria. Y lo más feminista del libro, quizás, es atreverme a publicarlo como un colofón a la poesía de mujeres de los 80 que hablaba desde lo heterosexual.
Y quizás la provocación no es tanto al burgués, sino al peruano promedio: conservador, católico.
Sí. Y justo eso me estaba preguntando hoy, que liberan a Maritza Garrido Lecca. La conocí cuando ambas teníamos seis años en el colegio, y nos vimos años después en actividades estudiantiles. Ella tenía muchas inquietudes sociales, andaba mucho en el ideario de la teología de la liberación, estas cosas. En fin, y la prensa hoy, detrás de qué van a decir los vecinos ahora. Recordaba a Martin Luther King que se compró una casa en Beverly Hills y lo querían botar por ser negro. Y ese es el Perú, no ha cambiado. Es la característica, creo, de los países que han arrastrado dos países en un territorio. La población sometida y sus dueños. Y con lo económico se nos ha dorado la píldora un poco. El indio ya no es el sucio sino el emprendedor, el empresario. Pero qué miedo si hubiera habido una revolución contra sus amos, ¿no? Si no te discrimino por color te discrimino por pobre, por homosexual, por la forma en que pienses. Tenemos en nuestra dinámica la cuestión de discriminar.
Siempre hay uno peor o inferior que uno.
Siempre, ¡Es una cosa terrible! Lo mismo pasa al trasladar esa discriminación a una satanización de todo aquel pensamiento crítico que pueda darlo un poder a los subalternos. Por ejemplo el anticomunismo. Facilito se importó el anticomunismo estadounidense después de las postguerra. Estábamos impermeabilizados, y más en mi familia que era clase media alta. Todo lo que era rojo: cruz. Porque primero había que ser católico. Era como echar el agua bendita donde ardía Satanás, te inmunizaba a cualquier comunismo. Entonces llego en el año 92 a Francia y encuentro que el local del Partido Comunista era del tamaño de una manzana, lindo. Encontrabas pegatinas comunistas, y era normal. Por acá estaban los de tal o cual pasión política, una cosa de locos, un lugar donde realmente estaba la diversidad. Y ya la gente sabía cómo lidiar con eso. Acá era cosa como que “no hables”. Y esa ideología de la censura continúa. Continúa en el pensamiento cotidiano y también sobre el arte.
No hemos avanzado tanto como parece.
Hasta en lo académico. Perú a las justas tiene dos maestrías de género, y una era sexualidad y género y se redujo a solo género. Desarrollo, trabajo, mujeres emprendedoras, perfecto. Pero no me hables de aborto, de sexualidad. A 200 años de independencia se mantiene los dos pilares del país: las fuerzas militares y la Iglesia Católica. Vemos ambos cuerpos clarísimos todos los años en Fiestas Patrias. El desfile militar, el Te Deum.
¿Cómo ves la literatura? ¿Las mujeres que escriben hoy?
He visto pocos ejemplos de algo novedoso. Considero que hay una ruptura entre lo que se hacía en los 70, 80, y lo que se hace desde los 90 en adelante. La movida cultural era otra. Había una movida cultural general. Hay publicación de poesía en los periódicos, debate, recitales colectivos, vanguardias. Como de poetas que decidan usar el lenguaje de lo peruano, Hora Zero, etc. Y su correlato en mujeres, que deciden hablar desde sus vivencias de mujeres ya alejado del mensaje edulcorado de hijos y flores y no sé qué. Es una gran ruptura. Iban a los teatros, te emborrachabas. Pero llegan los 90 y el liberalismo se establece. Algo cambia. Ahora es una cultura guárdate, cuidado con la borrachera que mañana tienes que ir a trabajar. Es un llamado al orden.
En los 90, la bohemia muere…
Claro. Ya no se vive una bohemia que quiere traer nuevas cosas. Había batidas en Quilca, etc. Como se considera que el artista es peligroso, los artistas como que se privatizan. Es algo como ya, vamos a hacer narrativa para publicar en Planeta, para vivir de eso. Y la narrativa es precisamente un género para desarrollas a solas. La poesía es más colectiva, oral. Y la poesía la metieron el libritos que se perdieron. Los libreros un tiempo nos rechazaban los libros de poesía: no se vendían. Ahora la novela es más una herramienta de entretenimiento que de crítica. Es el aire de los tiempos.
¿Añoras los tiempos de un arte más contestatario?
Sí. Pero algo que me da esperanza hoy son los colectivos feministas de jóvenes que no hacen tanto escritura sino performance. Viene desde antes de las marchas de “Pulpines”. Hubo un encuentro feminista acá en Lima y fueron espacios que conectaron a la gente. A la par de la ventaja de las redes sociales.
Cuéntame del nuevo libro.
Me encantan las artes plásticas. Y desde hace tiempo trabajo en publicaciones como libro-objeto. Este libro fue más bien una idea de la artista, quien tenía trabajos sobre los cerros, la pobreza. Y me pidió textos relacionados. Entonces le envié textos con estos temas y otros, como la migración.  

Escrito por

Harold Moreno Luna

La brevedad toma tiempo. Periodismo. Escritor —no tan— inédito. https://twitter.com/Harold_Luna_


Publicado en

Dandovueltas

Un blog de Harold Moreno Luna.